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Breve historia de la energía solar

El Sol es indispensable para la vida en la Tierra.

Las antiguas civilizaciones (azetcas, incas, Mesopotamia, Egipto, China, India, Grecia…) utilizaban la energía solar de forma intuitiva.

El Sol, además, era insipirador de su cultura, su maneras genuinas de ser y pensar. Sus religiones sabían de su importancia, de ahí que fuera el dios más adorado en distintos pueblos y geografías desde tiempos inmemoriales. Sin el Sol, la vida era imposible.

El uso de la energía solar pasiva en Grecia se hacía de modo consciente hace 2.400 años. Los griegos construían sus casas y edificios públicos teniendo en cuenta la incidencia de los rayos solares. Fueron los pioneros de la arquitectura bioclimática.

La energía solar también fue un instrumento de guerra para incendiar barcos en las batallas navales. El gran Arquímedes enseñó a sus compatriotas como utilizar espejos para concentrar la luz solar en un solo foco, provocando así fuegos devastadores en las flotas enemigas.

Lavoisier perfecciónó esta técnica en el siglo XVIII con su horno solar para fundir metales.

En el siglo XIX, Charles Wilson ideó una central solar para desalinizar agua marina en el desierto chileno de Atacama. La producción diaria de agua potable era de más de 20.000 litros.

El pirmer colector solar para transformar la radiación del Sol en energía térmica data del siglo XVIII. Su invención se debe a Bénédict de Saussure.

Ya en el siglo XIX. Auguste Mouchout puso en marcha un prototipo rudimentario de máquina de vapor solar.

El efecto fotovoltaico (rayos solares generadores de electricidad) lo descubrió en la centuria del XIX Edmond Becquerel.

En 1953 se fabricó una célula de silicio que hacía funcionar pequeños aparatos eléctricos.

Tres años después nacieron las placas fotovoltaicas, que fueron empleadas en satélites espaciales tanto por la URSS como por EEUU.

En la década de los 50 del pasado siglo emergieron los combustibles fósiles y la energía solar fue postergada poco a poco ante el empuje de los derivados del petróleo.

Dos décadas después, a principios de los 70, la crisis del oro negro elevó los precios de las gasolinas y los gasóleos. Otra vez se volvó la vista a la energía solar.

Durante la guerra del Golfo, década de los 90, la energía solar ya estaba en boca de todos, consumidores de a pie, multinacionales y clase política.

No hay dudas al respecto: la energía solar es la energía renovable, limpia, ecológica, rentable y segura con más futuro de todas.

Cuanto antes entremos en el futuro, antes llegaremos al presente.

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